
Nado en aguas templadas pero sucias
donde los pies desaparecen bajo las ramas,
de árboles ciegos ahogados
que no respiran pero hablan.
Araño el aire y extiendo el brazo
alargando los dedos como ganchos
que buscan asirse a tu desvelo,
a tu pecho,
a tu piel en quebranto anclado.
Nace por todo la sonora,
la delgada línea del llanto
que cubre clara tu sonrisa,
tu fuerte júbilo velado,
tras el brillo de la amazona,
la verde niña viva en el canto.
Alegre vuelo, alegre vuelta,
cosidos al sueño de espanto.
Toca en la noche la pena,
la dicha siguiéndole el paso.
Por tí el cielo murmura,
por tí siempre,
mi Dios de Estaño.
Por helyanwen

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